Domingo. 19:00. La Sexta.

 

Plan de tarde que apunta maneras. Partido de liga, 12ª jornada, Barça-Getafe en abierto y sin los comentarios histriónicos de Andrés Montes. Un Barça como el que no se ha visto en mucho tiempo, que no ha dejado escapar un punto desde la 2ª jornada se enfrenta contra un Getafe desmejorado, a mi juicio, que baila de mitad de la tabla hacia abajo a contar desde la 4ª jornada desde el comienzo de la temporada – al margen de algunas despuntaduras aisladas que defenderán los asiduos-. Antes de nada debo decir que no soy futbolero, no veo todos los partidos ni leo prensa deportiva, me gusta el Barça y tolero bastante bien al resto de equipos, me gusta el juego del Getafe y concretamente el domingo hizo un buen partido. Salió a por todas desde el primer minuto, sin importarle dónde jugaba ni el rival que tenía delante. No dejó de apretar durante todo el encuentro y al final se llevó un buen resultado de Barcelona.

Pero más allá del juego del Getafe o del Barcelona, el debate que se generó -antes del partido, durante y después del mismo- giraba en torno al denominado por los medios como efecto Messi. Y llamadlo causalidad o casualidad pero el caso es que el Barça jugó sin Messi y empató. Que Dios nos pille confesados. Desde el principio del partido los comentarios imparciales de Valdano y compañía nos ponían al tanto de cómo iba a discurrir el asunto; minuto 8 y el Barça todavía no ha marcado ningún gol… como se nota que no está Messi. Sin Messi el Barça no tiene capacidad ofensiva, no desborda ni desequilibra y nota la ausencia en los últimos metros, le falta definición… y un largo etcétera de despropósitos y demostraciones de sabiduría popular futbolística. ¿Resultado final? Empate, o lo que es lo mismo, el Barça no ha colado 5 goles porque Messi no ha jugado, se veía venir desde el minuto 8…

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Al margen de inclinaciones y partidismos deportivos lo curioso del asunto, lo que realmente me empujó a escribir este post, es el concepto de costumbre mal entendido, relacionado con un jugador y hasta qué punto esto puede llegar a influir y determinar el juego de un equipo. La clásica profecía autocumplida, el ver lo que queremos ver y saber que cambiar esa percepción será difícil aun incluso si la realidad nos demuestra lo contrario. ¿Qué hubiera pasado si el Barça al final hubiese ganado? Está claro que eso ya no lo sabremos, aunque como ha pasado otras veces y en otros equipos, seguramente se le atribuiría la victoria a un golpe de suerte, un fallo defensivo del rival o a un error arbitral para poder seguir defendiendo la tesis del efecto Messi. Está claro que este chico es un genio, un figura, el sucesor de quienquiera sea el que fuere, y que su falta en el terreno se siente y mucho, pero llevar la casualidad al terreno causal me resulta gratuito, facilón, cargante y resobado entre los que critícan por afición y se autoproclaman expertos deportivos.

 

Desde mi inexperto y desinformado punto de vista dudo mucho de que cualquier equipo dependa exclusivamente de uno de sus jugadores para ganar partidos. Lo que sí me puedo imaginar es que la psicosis que se genera en rededor y la preponderancia que se le otorga a la falta de Messi hacen mella en la virtud de los jugadores y les pasa factura. A mi personalmente no me sentaría nada bien, incluso más allá del contexto deportivo, que como integrante de un equipo se obviase mi trabajo y se supeditase todo al efecto del realizado por un tercero. Ni Messi ni gaitas. Si no se confía en el trabajo en equipo, en la sinergia y coherencia del grupo como un todo, apaga y vámonos. Siempre se podrá justificar un fracaso porque no estaba Fulanito o porque Menganito no tenía su día. ¿Entonces por qué cobra tanta pasta el resto del once si el que vale es sólo uno?

 

Está claro que cuando se acostumbra a los medios, a los rivales o a los aficionados a una victoria tras otra con la misma camiseta, cuando han pasado 8 minutos y no llevas 2 goles, algo no funciona bien.