Leo en adn.es lo siguiente en relación con el asesinato de Álvaro Ussía a manos de los porteros Antonio S.S., David S.G. y David A.D. de la discoteca El Balcón de Rosales de Madrid (de la cual obviaremos que carecía de licencia para funcionar como discoteca, acumulaba multitud de denuncias y estaba en unas instalaciones del Ayuntamiento):

El presunto autor material de la muerte de Ussía, Antonio S.S., declaró que se cayó encima del fallecido por “accidente”.

Se trató de una caída fortuita. Un accidente. Hay que tener en cuenta que Antonio pesa más de 100 kilos”, aseveró su abogado defensor, José Carlos Paños, a las puertas de los Juzgados al concluir las comparecencias.

ADN.ES/CIUDADANOS

 

Para aquel que no lo sepa, la madrugada del pasado sábado 15 de Noviembre fue trágica para Álvaro Ussía, un joven de 18 años que intentaba pasarlo bien con los amigos mientras se tomaba unas copas en una discoteca de la capital española. Ahora ya da igual saber que al chico le gustaba el deporte, que era religioso, buen hijo, amigo de sus amigos o que dudaba entre estudiar Empresariales o Derecho para seguir cosechando éxitos académicos. Da igual saber que era una persona amable, simpática, jovial e incluso que se le consideraba atractivo y triunfador con las chicas de su edad. Da igual leer que era aficionado al mundo del motor, que era muy ordenado, tenía un gran aprecio por su familia o esperaba con impaciencia que abriesen las pistas de esquí de Sierra Nevada para irse con los amigos.

Y da igual porque en esa noche de fiesta y diversión de hace pocos días -donde uno se encuentra en estado de relax, de distensión social, en compañía de los suyos- unos señores decidieron que todo eso no tenía importancia para nadie, decidieron que sus labores de “vigilancia” y mantenimiento de ese statu quo nocturno para el que han sido lobotomizados eran lo importante, lo vital, lo que había que defender a vida o muerte, por encima de todo, por encima de todos. Tres homínidos hiperprotéicos sin capacidad de juicio racional que tienen que demostrar que sus músculos son más gordos y sus hostias duelen más, que tienen que marcarte la cara para que recuerdes qué paso esa noche -el que tiene suerte- a la mañana siguiente, que necesitan golpear, vejar, humillar o destrozar a alguien el fin de semana para tener tema de conversación en el gimnasio la semana siguiente. Tres estúpidos gañanes enajenados que son incapaces de medir las consecuencias de sus acciones, la fuerza de sus golpes o el peso de sus propios cuerpos, como nos quiere hacer creer ahora su abogado defensor.

 

Otras voces indignadas los definen con diferentes calificativos aunque con la misma rabia y el mismo desprecio que el que firma estas líneas, siendo observador pasivo y crítico de tales circunstacias, ahora ya inevitables. No sé cuantos casos más como este son necesarios, cuantas personas tienen que sufrir en sus carnes las frustraciones de estos “profesionales de la noche” para que las personas responsables paguen como deberían por todo el daño que hacen, pero espero sinceramente que nadie tenga que tastar de nuevo el sabor de su propia sangre en la boca para que se empiecen a tomar medidas.

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