If men define situations as real, they are real in their consequences.
William I. Thomas

 

Lo que esperamos ver, escuchar, realizar o conseguir, tiene un efecto emocional y motivacional intenso. Pensar que algo va a ser de tal forma o de tal otra nos predispone y condiciona a recibir un estímulo de formas diferentes. En ocasiones incluso llegamos a ver lo que queremos ver, más allá de lo que realmente estamos viendo, como resultado de una expectativa previa que se contradice con la realidad que acabamos de descubrir, siendo una labor difícil y compleja llegar a modificar esa asociación.
 
Considero un verdadero arte digno de admiración el poder crear de la nada un concepto o idea, real o imaginaria, que sea capaz de generar expectativas que nos lleven a la acción, a la búsqueda o simplemente nos despierten curiosidad. Es un arte que bien utilizado puede ser de gran utilidad; haciendo que un niño sea mejor estudiante, motivando la carrera profesional de nuestros colaboradores, fomentando un sentimiento de superación en el desempeño de nuestras tareas habituales o profesionales, suscitando interés o sencillamente despertando la actitud crítica para cultivar y nutrir la curiosidad científica. Aunque para toda cara siempre hay una cruz y la creación de expectativas mal entendida puede llevar a decepciones, frustraciones, fobias, conductas de evitación e incluso agresiones, manipulaciones, dominación y demás métodos de alienación social.
Utilizado en gran catidad de contextos como en publicidad, negocios, escuela, familia, círculos sociales y un largo etcétera, quizás el ejemplo más claro sea el campo de la política, donde muchas veces los candidatos utilizan las expectativas como argumentos electorales que pretenden captar votos para pasar -una vez erigidos como mandatarios- a olvidar, o como poco a matizar, lo que ya se había dicho. Un claro ejemplo de cómo deslucir una estrategia poderosa de motivación y movilización de masas creando desconfianza, sospechas y suspicacia generalizada que salpica a aquellos que pretenden ir por el buen camino. Leyendo a Eduardo Galeano me pregunto si quizás estas reacciones se asemejen a la pescadilla que se muerde la cola, y para evitar desengaños se utiliza la estrategia del “disparo primero y pregunto después”, para evitar las sorpresas desagradables y estar así preparados para lo peor, para el “ya te lo dije” tan bien traído en estos casos.
 
Espero sinceramente que podamos recuperar la confianza y redirigir nuestras energías hacia aquellas empresas que nos beneficien a todos realmente, utilizando correctamente las herramientas que conocemos rompiendo con la asociación clásica de “poder” y “corrupción” ya que no es el mismo golpe de martillo el que se da con dos manos diferentes.
 
Y para muestra un botón, los grandes de la comedia creando expectativas, pero de las buenas.

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