Llego vía menéame a un artículo del siempre polémico Pérez-Reverte sobre esta España que tan poco le gusta y que riega con su visión parcial y soberbia sobre la inmigración, política y las etiquetas sociales siempre que tiene ocasión.
Imaginen –visualicen, como se dice ahora– la escena. Capital de España. Dos señores académicos con chaqueta y corbata, cargados con libros, hablando de sus cosas. Del pretérito pluscuamperfecto, por ejemplo. En ese momento pasamos junto a dos individuos con cara de indios que esperan el autobús. Inmigrantes hispanoamericanos. Uno de ellos, clavado a Evo Morales, tiene en las manos un vaso de plástico, y yo apostaría el brazo incorrupto de don Ramón Menéndez Pidal a que lo que hay dentro no es agua. En ésas, cuando pasamos a su altura, el apache del vaso, con talante agresivo y muy mala leche, nos grita: «¡Abajo el Pepé!… ¡Abajo el Pepé!». Y cuando, estupefactos, nos volvemos a mirarlo, añade, casi escupiendo: «¡Cabrones!».
en XLSemanal, Los fascistas llevan corbata por Arturo Pérez-Reverte
Si no podéis imaginar cómo continúa el relato os remíto al artículo original donde encontraréis las lindezas que un académico -como así se define el señor Reverte- puede llegar a escribir y dedicar a un par de inmigrantes medio ebrios que discuten en una parada de autobús. Entiendo que cualquier insulto o actitud violenta puede sorprender a uno y molestarle, venga de quien venga, más aun si disfrutas de un paseo con un amigo por las calles de tu ciudad madrina. Pero de las palabras de Reverte rezuman matices abrigados en duros calificativos raciales que van más allá de la crítica social/política objetiva y pisan terrenos personales, privados e innecesarios de etiquetaje que fomentan la exclusión y marginalidad amén de descalificar, humillar y clasificar a todo un colectivo bajo una misma definición que inequívocamente es errónea.
No voy a entrar a valorar el estilo literario -ni su calidad- del individuo de marras porque cabrían opiniones como colores así que me limito a remarcar su falta de conciencia social, de la que es consciente y se siente tan orgulloso, al escribir un artículo de estas características que lo único que puede cultivar son esos sentimientos de odio y rechazo desadaptativos que tanto conocemos y poco ayudan.
Y aunque sé que el señor Reverte, el académico, jamás leerá estas líneas, quiero calmar mi desazón dedicándole una pequeña reflexión; vale que quieras criticar al sistema político, vale que quieras denunciar la impunidad con la que todo el mundo se echa mierda encima sin consecuencias, vale que tengas razón incluso en parte de tus argumentos y quizás sea cierto que aquí todo vale y cualquiera puede sentirse con derecho para esputar a destajo, pero date cuenta que irónicamente al criticar lo que criticas de la manera en que lo haces pierdes la razón que podrías tener en esencia entrando en descalificaciones que seguramente te resbalen y haciendo exactamente lo mismo de lo que te quejas, porque como tú mismo te dices:
Quién va a respetar nada en esta España de mierda, me digo. Cualquier analfabeto que llegue y vea el panorama, que oiga a los políticos arrojarse basura unos a otros, que observe la facilidad con la que aquí se calumnia, se apalea, se atizan rencores sociales e históricos, tiene a la fuerza que contagiarse del ambiente. Del discurso bárbaro y elemental que sustituye a todo razonamiento inteligente. De la demagogia infame, la ruindad, el oportunismo y la mala índole de la vil gentuza que nos gobierna y nos envenena. Ésta es casa franca, donde todo vale. Donde todos tenemos derecho a todo.
Noviembre 19, 2008 at 11:56 am
Pues la verdad, me parece que le estás dando la razón a Reverte: en este país de papanatismo políticamente correcto no se puede censurar ninguna actitud de nadie que pertenezca a una minoría sin que te carguen el sambenito de algófobo, racista o similar.
Por cierto, no entiendo el título de la entrada.. ¿en que parte del artículo de Reverte se menciona a Dios?
Ah! y no es que él se “defina” como académico, es que lo es!
Noviembre 19, 2008 at 12:19 pm
El título de la entrada no es porque Reverte mencione a Dios por ningún lado, es simplemente una metáfora cuyo significado se podría relacionar con la última parte de lo escrito en el post.
Por otro lado no creo que le de la razón a Reverte, ni mucho menos, ya que no critico el hecho de que censure una actitud sino el cómo se critica dicha actitud, aludiendo a adjetivos raciales en tono soberbio y de desprecio para denunciar una realidad política.
Ah! y aunque sea académico a mi entender utiliza esa definición para marcar más aun si cabe las diferencias con los indios, sioux o subnormales que retrata en su artículo.
Noviembre 19, 2008 at 5:19 pm
hombre, la verdad es que el energúmeno que describe en el artículo se merece esos calificativos y más. El error, a mi juicio, es interpretar que el autor hace extensivos los insultos a todos los miembros de la “especie” del agresor.
Noviembre 25, 2008 at 11:42 am
Me aprecen bien las apreciaciones acerca de que el Sr. Reverte está pasado de rosca con tanta amargura infecta hacia la patria que lo acoge y lo deja expresar lindezas a diestro y siniestro sin que le zurren la badana, porque él es el primero que se permite llamar imbéciles a los políticos sin pisar los tribunales o sin que le aticen un mamporro en mitad de la cocorota.
Pero la verdad es que esta España nuestra donde todo son prohibiciones y leyes se deja arrastrar por las cortesías y, al final, solo pagan el pato los más desprotegidos, y eso con suerte.
Los comentarios racistas, vengan de quien vengan, siempre serán satanizados. Lo único que me parece positivo al desentrañar fobias ocultas es que se ponga el acento en que nadie, absolutamente nadie, tiene el derecho de agredir y quedar impune, sea indio apache, académico, político o juez.
Enero 30, 2009 at 4:45 pm
lordkz,
no sé si has visto el artículo de Reverte de este domingo, es la continuación del que aquí citas. te lo recomiendo
http://www.xlsemanal.com/web/firma.php?id_edicion=3847&id_firma=8230